viernes, 13 de enero de 2012

Verdaderamente Inefable por Yasmin Dishmey

Luz para el camino

Había una vez, hace cientos de años, en una ciudad de Oriente, un hombre que una noche caminaba por las oscuras calles llevando una lámpara de aceite encendida. La ciudad era muy oscura en las noches sin luna como aquella.

En determinado momento, se encuentra con un amigo. El amigo lo mira y de pronto lo reconoce. Se da cuenta de que es Guno, el ciego del pueblo. Entonces, le dice: -¿Qué haces Guno, tú ciego con una lámpara en la mano? Si tú no ves…

Luego, el ciego le responde:

-Yo no llevo la lámpara para ver el camino. Yo conozco la oscuridad de las calles de memoria. Llevo la luz para que otros encuentren su camino cuando me vean a mí…

-No solo es importante la luz que me sirve a mí, sino también, la que yo uso para que otros puedan también servirse de ella.

Cada uno de nosotros puede alumbrar el camino para uno y para que sea visto por otros, aunque uno aparentemente ni lo necesite.

Alumbrar el camino de los otros no es tarea fácil… Muchas veces, en vez de alumbrar oscurecemos mucho más el camino de las demás… ¿Cómo? A través del desaliento, la ofensa, la mentira, la crítica, el egoísmo, el desamor, el odio, el resentimiento…

¡Qué hermoso sería si todos ilumináramos el camino de los demás!

No hay comentarios: